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Tobi tenía una revisión en la clínica. Se sentó junto a la silla de ruedas de su papá y le apretó la mano. Sentía cosquillas nerviosas en la panza. —¿Me va a doler? —preguntó.
La doctora Okafor sonrió. Llevaba un estetoscopio colgado del cuello. —Hoy solo voy a mirar y escuchar —dijo. Le revisó los oídos y la boca. —¡Di aaah! Tobi dijo «¡Aaah!» tan fuerte como un león.
Luego, ella calentó el estetoscopio entre las manos y se lo puso a Tobi en el pecho. —¡Qué corazón tan fuerte! —dijo—. ¿Quieres oírlo tú también?
Tobi se puso los auriculares con cuidado. ¡Pum-pum, pum-pum, pum-pum! Su corazón sonaba como un tambor chiquito. Tobi abrió muchísimo los ojos. Después escuchó el corazón de su papá. Pum-pum… pum-pum… Era más lento y más profundo.
De regreso a casa, Tobi tamborileó un ritmo en la silla de ruedas de su papá. —Pum-pum, pum-pum —cantaba—. ¡Mi corazón es un tambor! Ya no sentía cosquillas en la panza.
Colorea el círculo de la respuesta correcta.