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Bolt era un robot pequeño que vivía en una biblioteca con mucha gente. Su trabajo era devolver los libros a los estantes correctos. A Bolt le encantaba su trabajo, pero a veces confundía los estantes.
Una tarde, entró un niño llamado Diego con cara triste. —Necesito un libro sobre volcanes para la escuela —dijo—, pero no encuentro ninguno. Las luces de Bolt parpadearon en azul mientras pensaba.
Juntos buscaron en todos los estantes. Encontraron libros sobre dragones, barcos y pasteles, pero ninguno sobre volcanes. Entonces Bolt recordó algo. ¡El día anterior había puesto un libro rojo en el estante de cocina por error!
Corrieron al estante de los libros de cocina, y allí estaba: «Montañas de fuego». Diego gritó de alegría. —¡Tu error nos ha ayudado! —dijo riendo. Las luces de Bolt brillaron con un verde feliz.
Una tarde, Noor y su hermano Sami encontraron a mamá mirando un papel con el ceño fruncido. —Este mes la cuenta de la luz llegó muy alta —suspiró.
A Noor se le ocurrió una idea. —Sami, ¡seamos detectives de la energía! Hicieron placas de cartulina y tomaron un cuaderno. Luego buscaron pistas por toda la casa.
Pista número uno: la luz del baño estaba encendida, pero no había nadie dentro. Pista número dos: la tele estaba dormida, con su lucecita roja encendida, gastando electricidad toda la noche. Pista número tres: el cargador del celular del abuelo estaba enchufado, ¡pero el celular estaba en su bolsillo!
Los detectives escribieron una lista de reglas y la pegaron en el refrigerador: «Apaga la luz al salir de un cuarto. Apaga la tele por completo. Desenchufa los cargadores. Cierra rápido la puerta del refrigerador». Sami dibujó un foquito sonriente al lado de cada regla.
Toda la familia siguió las reglas, incluso el abuelo. Un mes después, mamá abrió la cuenta nueva y sonrió. —¡Llegó más baja! —dijo—. Con el dinero que ahorramos, vamos a hacer un pícnic en el parque. Los detectives de la energía lo celebraron. ¡Caso cerrado!